El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el viernes que su país está “preparado y listo” para lanzar un ataque mayor contra Irán, al mismo tiempo que subrayó que conversaciones serias continúan en curso. La administración estadounidense ha venido evaluando opciones durante semanas, y los últimos comentarios de Trump se producen tras una serie de provocaciones regionales que han aumentado la tensión.
Tras un breve alto el fuego alcanzado en junio mediante la firma de un acuerdo interino, los combates se reanudaron con gran fuerza en el estrecho de Ormuz, desatando una lucha por el control de una vía marítima esencial para el suministro energético global. EE. UU. comenzó la campaña con oleadas de ataques dirigidos a la marina y a las defensas costeras iraníes, con el objetivo de neutralizar la capacidad de Teherán de amenazar los buques que transitan por el paso, y posteriormente amplió su alcance a puentes, infraestructuras críticas del sur y a zonas más interiores del país, incluso en los suburbios de la capital, Teherán. El alto el fuego, mediado por la ONU y actores regionales, colapsó cuando ambas partes acusaron incumplimientos, lo que provocó la reanudación de los bombardeos.
Aunque la intensidad de la campaña ha aumentado, su ferocidad no supera la de los primeros 100 horas de conflicto, cuando EE. UU. y Israel alcanzaron cientos de objetivos militares y eliminaron a los principales líderes iraníes, entre ellos el ayatolá Ali Khamenei, según los informes oficiales. El Ministerio de Salud de Irán ha contabilizado 3.434 fallecidos desde el inicio del enfrentamiento, de los cuales 55 corresponden a la reciente escalada, lo que refleja la creciente carga humana de la confrontación y la magnitud de la tragedia, además de incluir tanto combatientes como civiles en sus registros.
Los recientes bombardeos han provocado interrupciones en el tráfico y las comunicaciones internas, además de dañar infraestructuras vitales como redes de agua que abastecen a miles de residentes. En Khuzestán se reportaron apagones eléctricos tras impactos en líneas de transmisión, mientras que una estación de bombeo de agua agrícola fue alcanzada, provocando la muerte de una persona. En Jask, una planta de desalinización fue destruida, dejando sin suministro de agua a aproximadamente 10.000 habitantes de la zona costera cercana al estrecho de Ormuz. Asimismo, se alcanzó una fábrica de harina de pescado en Qeshm y se dañaron estaciones de bombeo de agua que suministran riego a comunidades rurales, lo que ha forzado a las autoridades a racionar el recurso hídrico y ha amenazado la producción agrícola.
Los ataques se concentraron en las provincias costeras del estrecho y del Golfo Pérsico: Khuzestán, Bushehr y Hormozgán, con especial atención a Bandar Abbas, la principal ciudad portuaria que alberga instalaciones navales y comerciales estratégicas, así como a las islas de Qeshm, Abu Musa y Kish. Además, se alcanzaron bases navales y militares en la provincia de Sistan y Baluchistán, en la costa del Golfo de Omán, y se destruyeron fábricas de misiles, drones, radar costero y sistemas de defensa aérea, empleando municiones de precisión, buques de la flota y, por primera vez, drones de ataque unidireccional lanzados desde el mar, marcando un nuevo desarrollo tecnológico en la campaña.
En los dos días de intensos bombardeos se dañaron al menos seis puentes y un túnel en los alrededores de Bandar Abbas, se afectó una intersección ferroviaria al oeste del puerto y se observaron severos atascos de tráfico en varias arterias viales, según imágenes difundidas por la televisión estatal. También se demolió una torre de comunicaciones marítimas en el puerto de Bandar Abbas el 17 de julio, quedando totalmente destruida, y otra torre similar situada a 120 kilómetros a lo largo de la costa fue impactada, provocando la pérdida temporal de la señal entre el continente y las islas de Kharg y Qeshm, aunque las autoridades iraníes afirmaron que la conectividad se restableció hacia el décimo día de la campaña. La interrupción de las comunicaciones ha dificultado la coordinación de los servicios de emergencia y ha generado pérdidas económicas en el sector transporte.
Otros objetivos incluidos fueron las oficinas de la autoridad reguladora de radio y comunicaciones, que gestiona el espectro radioeléctrico del país, y una fábrica de harina de pescado en Qeshm. Además, se alcanzaron instalaciones de suministro de agua, como una planta de desalinización en Jask que fue arrasada, y un ataque iraní contra bases estadounidenses en Jordania dejó tres soldados muertos y varios heridos. Un bombardeo estadounidense sobre un paso fronterizo con Irak, donde se había congregado una multitud de peregrinos, resultó en la muerte de dos personas, mientras que al menos cuatro soldados estadounidenses fallecieron y se reportaron daños a infraestructuras críticas en países que albergan bases estadounidenses, evidenciando la amplitud de la campaña.
Israel ha mantenido la posición de no ser blanco de los ataques y no ha participado en la ofensiva, mientras la administración estadounidense asegura que su objetivo es debilitar la capacidad iraní de amenazar los buques que transitan por el estrecho de Ormuz. A pesar del aumento de la presión militar, Teherán no ha mostrado señales de rendición, y la situación sigue generando inquietud en la comunidad internacional, con gobiernos de la Unión Europea y la ONU llamando a la cautela y al retorno al diálogo. En territorio estadounidense, la capital de Wisconsin canceló sus eventos principales por temores de represalias, y la fallout del conflicto se extiende a la población civil, mientras Irán y sus aliados Rusia y China condenan la acción unilateral de EE. UU.


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