El gobierno de Tailandia advirtió que los enfrentamientos con Camboya podrían escalar hasta convertirse en una guerra, tras la muerte de al menos 16 personas y el desplazamiento de decenas de miles en ambos países.
El primer ministro interino de Tailandia, Phumtham Wechayachai, señaló que se está utilizando armamento pesado en los combates, los cuales se han extendido a 12 puntos de la frontera.
Tailandia acusó a Camboya de disparar contra zonas civiles y evacuó todas las aldeas dentro del alcance de sus cohetes.
A su vez, Camboya denunció que Tailandia está usando municiones de racimo, prohibidas en gran parte del mundo por sus efectos indiscriminados sobre la población civil.
Tailandia no ha respondido a estas acusaciones. El gobierno tailandés reportó la muerte de 14 civiles y un soldado, mientras que autoridades provinciales de Camboya informaron el fallecimiento de al menos un civil en Oddar Meanchey.
Estos combates marcan una escalada en una disputa que tiene más de un siglo entre ambos países del Sudeste Asiático.
Mediación descartada
El ministro de Asuntos Exteriores de Tailandia aseguró que no se requiere mediación externa, a pesar de que varios líderes mundiales pidieron un alto al fuego inmediato, según informó la agencia Reuters.
El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, quien preside la ASEAN, se ofreció a facilitar conversaciones entre ambos países. Declaró que valora la disposición mostrada tanto por Bangkok como por Phnom Penh para considerar una solución dialogada.
Sin embargo, el portavoz del Ministerio de Exteriores tailandés, Nikorndej Balankura, dijo que el conflicto debe resolverse bilateralmente y exigió a Phnom Penh detener sus ofensivas.
“No creemos que sea necesaria la mediación de un tercer país todavía”, afirmó Nikorndej.
Estas declaraciones se dieron mientras ambos gobiernos actualizaban el número de víctimas.
Cese de hostilidades
Estados Unidos instó a un cese inmediato de las hostilidades, a proteger a los civiles y a buscar una solución pacífica.
“Nos preocupa profundamente la escalada de violencia en la frontera entre Tailandia y Camboya, y lamentamos las víctimas civiles”, expresó el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott.
China, con vínculos estratégicos con ambos países, manifestó su “profunda preocupación” y alentó a resolver el conflicto mediante el diálogo.
Australia, la Unión Europea y Francia también hicieron llamados a la paz.
El Consejo de Seguridad de la ONU tiene previsto reunirse para abordar el conflicto. En una carta enviada al Consejo, el primer ministro camboyano, Hun Manet, pidió su intervención para “detener la agresión de Tailandia”.
Acusaciones mutuas
Ambos países se acusan mutuamente de haber iniciado los disparos.
Los intercambios de fuego comenzaron la madrugada del jueves. Tailandia acusó a Camboya de lanzar cohetes contra una aldea y atacar un hospital.
En respuesta, Bangkok llevó a cabo ataques aéreos contra objetivos militares camboyanos.
Tailandia cerró su frontera y ordenó la evacuación de sus ciudadanos en Camboya.
Por su parte, Camboya degradó sus relaciones diplomáticas con Tailandia, acusándola de usar fuerza excesiva.
Ambos gobiernos ordenaron la evacuación de los ciudadanos que viven en zonas cercanas a la frontera, mientras testigos informaban de intensos enfrentamientos.
“Es una situación muy grave. Estamos en plena evacuación”, declaró Sutian Phiwchan, residente del distrito de Ban Dan, en la provincia tailandesa de Buriram.
Lo peor que han vivido
Personas mayores que sobrevivieron a la guerra civil camboyana en los años 80 dijeron que los actuales combates son los más intensos que han experimentado.
Joi Phasuwan, del distrito de Phanom Dong Rak, contó que ella y sus nietos esperaron mucho tiempo antes de ser trasladados a un centro de evacuación, más alejado que en ocasiones anteriores.
En otra zona, un grupo de hombres mayores permanecía frente a una escuela, a 10 km de la frontera. Las casas estaban desiertas. Ellos se quedaron para proteger sus viviendas y su ganado, mientras que las mujeres y los niños fueron evacuados.
Los hombres se refugiaban cerca de una estructura improvisada hecha con tuberías de concreto y sacos de arena. La artillería se escuchaba toda la mañana, y los recientes ataques con cohetes provocaban gran preocupación.
La escuela también es usada por soldados tailandeses, quienes no quisieron ser grabados ni identificados. Las carreteras estaban vacías, salvo por camiones militares.
La vida a lo largo de la frontera ha sido interrumpida por una disputa territorial que incluye templos antiguos y pequeñas franjas de bosque.
El origen del conflicto
La raíz de la disputa se remonta a más de un siglo, cuando se establecieron las fronteras tras la ocupación francesa de Camboya.
El conflicto se intensificó en 2008, cuando Camboya intentó registrar un templo del siglo XI en la zona disputada como Patrimonio de la Humanidad ante la Unesco. Esta acción generó fuertes protestas en Tailandia.
Desde entonces, ha habido enfrentamientos esporádicos que han causado muertes en ambos bandos.
Las tensiones más recientes se agravaron en mayo, tras la muerte de un soldado camboyano en un enfrentamiento, lo que llevó las relaciones bilaterales a su punto más bajo en más de una década.
Ambos países han impuesto restricciones en la frontera. Camboya prohibió la importación de productos tailandeses y suspendió el suministro de electricidad e internet desde Tailandia.
También se ha reforzado la presencia militar en la frontera durante las últimas semanas.
¿Hacia dónde se dirige el enfrentamiento?
El primer ministro tailandés, Wechayachai, calificó la situación como “delicada” y afirmó que debe tratarse conforme al derecho internacional.
Hun Manet, por su parte, aseguró que Camboya desea una solución pacífica, pero que “no tiene otra opción” más que responder con fuerza armada a la agresión.
Aunque en el pasado se han producido enfrentamientos serios que fueron resueltos rápidamente, ahora el panorama es más incierto.
Ambos países enfrentan crisis de liderazgo. Hun Manet, hijo del exdictador Hun Sen, aún no consolida su autoridad. Su padre parece buscar reforzar su imagen nacionalista intensificando el conflicto.
En Tailandia, el gobierno de coalición está respaldado por el exdictador Thaksin Shinawatra, quien tenía una relación cercana con Hun Sen. Thaksin se sintió traicionado cuando Hun Sen filtró una conversación privada que resultó en la suspensión de su hija Paetongtarn Shinawatra como primera ministra.




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