El cantante puertorriqueño Bad Bunny lanzó una campaña bajo el lema “Compra local” justo antes de iniciar su serie de 30 conciertos en San Juan, una residencia que se extenderá durante tres meses, coincidiendo con la temporada baja de verano. La organización Discover Puerto Rico estima que esta iniciativa aportará alrededor de 200 millones de dólares a la economía de la isla.
Los primeros nueve conciertos están reservados únicamente para residentes de Puerto Rico. Los 21 restantes estarán abiertos a todo público, incluyendo turistas internacionales. Esta estrategia busca equilibrar el apoyo a la comunidad local y el impulso al turismo, aunque este último ha generado preocupaciones entre los residentes por los efectos de la gentrificación, el aumento en los alquileres y la transformación urbana provocada por el auge de los alquileres a corto plazo.
Davelyn Tardi, de Discover Puerto Rico, califica este momento como “increíble para la isla”. Comerciantes locales, como Azael Ayala, afirman que la actividad económica ha mejorado notablemente con los conciertos. Las propinas, asegura, “están por las nubes”.
Más allá del impacto económico, Bad Bunny se ha convertido en un símbolo de orgullo cultural. Su influencia también ha motivado a personas como Arely Ortiz, una joven de Los Ángeles, a viajar a Puerto Rico solo por su admiración hacia el artista, aunque no consiguió entradas.
Sin embargo, el debate sobre el turismo persiste. El historiador Jorell Meléndez Badillo destaca que muchos ven el turismo como una forma moderna de colonialismo. Aun así, reconoce la dualidad del fenómeno: “Podemos agradecer lo que Benito está haciendo y al mismo tiempo analizarlo críticamente y tener una conversación sobre qué tipo de turismo queremos atraer”.




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